La década de los cuarenta marcó para los Pueblos Indígenas un cambio que ha sido ventajoso y a la vez difícil. Las condiciones de industrialización de las áreas urbanas, generaron una repentina y fuerte demanda de mano de obra, aunada con el abandono del campo, el crecimiento poblacional y las políticas del gobierno en el medio rural, dieron lugar a un éxodo de indígenas a distintos puntos de la República y al extranjero.

Si bien es cierto que la migración siempre ha sido una característica de los pueblos, es también a partir de esos años cuando toma una dimensión distinta en tanto migración campo-ciudad, además de la migración rural-rural. La población rural vio la oportunidad de vender su fuerza de trabajo, laborando como jornaleros en los estados de desarrollo agrícola como Sinaloa, Sonora, Baja California.

La Ciudad de México y su área metropolitana se han convertido en los principales centros de atracción de los migrantes indígenas1, debido a su gran concentración de industrias y comercio, así como, por la centralización de los poderes federal. Le siguen en importancia Monterrey y Guadalajara por motivos similares.

Los migrantes indígenas se han sumado a las pocas ofertas que ofrece la ciudad, entre las que podemos mencionar: trabajadores (as) domésticos (as), trabajo en la industria de la construcción, y más recientemente, comercio ambulante, vigilancia, de subempleo como jardinero, carpintero, artesanos, etc.

En esta nueva vida como migrante, la pertenencia étnica fue un elemento que siguió manifestándose, traducido en la organización comunitaria, sistema de cargos, reconocidos por las comunidades de origen, redes de ayuda mutua, mayordomías, participación en las comunidades de origen, difusión y practica de la lengua materna, además de la recreación de la música, la comunalidad, trabajos manuales (artesanías), gastronomía que les sirvieron como estrategia de sobrevivencia cultural heredados por sus comunidad, padres y sus propias comunidades de origen.

En la actualidad los migrantes indígenas que viven y trabajan en la Ciudad de México han desarrollado una serie de experiencias individuales y colectivas, desde aquellas que tiene que ver con las experiencias laborales y educativas hasta los mecanismos de reproducción y continuidad cultural. De esta forma construyen una vida urbana comunitaria de acuerdo a sus nuevas condiciones de vida.

En lo individual incorpora oficios, hábitos alimenticios, de vestimenta, estrategias de sobrevivencia en un ámbito distinto a su comunidad de origen que muchas veces no compagina con lo aprendido de un espacio comunitario.

Para hacer frente a esta adversidad, los migrantes forman redes de apoyo mutuo y solidario entre paisanos y familias para encontrarse, comunicarse, pero también para colocarse en algún trabajo o
conseguir vivienda.

En lo colectivo desarrollan estrategias de vida comunitaria como los cargos comunitarios, vida asamblearia, mayordomías, fomento a sus distintas formas de reproducción cultural, práctica de su lengua y las relaciones que mantiene con sus comunidades de origen, así como organizaciones que tienen fines productivos y de comercialización, como; los Triquis, Mazahuas, Otomíes del Centro Histórico, entre otros, que se dedican a la producción y comercialización de artesanías y al comercio en la vía pública.

En perspectiva, las redes entre organizaciones están en proceso de consolidarse y servirá para impulsar proyectos comunes con la intención de tener un mayor impacto, ya no sólo en las comunidades de las que son parte sino que a todos los sectores de la sociedad e incluso del gobierno mismo. Un ejemplo son los pueblos zapotecos, mixes, mixtecos, purepechas que impulsan proyectos de producción de radios.

Los Centros de Producción Radiofónico Indígena se han creado como una estrategia de comunicación entre migrantes en la ciudad con sus respectivas comunidades de origen desarrollando programas en distintas lenguas2, sus experiencias, trabajos, aprendizajes, etc., y se difunden por radio educación, radios del INI en los estados y algunas radios comerciales, como en Oaxaca, donde los Mixtecos tienen un espacio de una hora cada semana.

En el momento actual existen 6 centros de producción3 de distintas organizaciones de migrantes y de distintas etnias .

Los indígenas migrantes han ubicado puntos de encuentro y recreación en algunos parque de los Venados, Bosque de Chapultepec, Alameda Central y el centros deportivo de la Delegación Benito Juárez, Candelaria y la Ciudad Deportiva de las puertas cinco y seis.

Sin embargo, en la medida que fueron creando su propio espacio de encuentro como comunidad o colectivo se incorporan formas mas complejas de organización como son los sistemas de cargos creados con las distintas comunidades de migrantes. Estos cargos responden a un compromiso con la comunidad y son tomados en cuenta como servicio a la autoridad como en las comunidades de origen. En algunas comunidades de migrantes, los sistemas de cargos consisten en asumir por dos años la mesa directiva que se compone de Presidente, Secretario y Tesorero con sus respectivos suplentes y las comisiones, así lo hacen la Asociación Coordinadora de la Juventud de Tlahuitoltepec radicados en el Distrito Federal, El Grupo Solidario Totontepecano, de la etnia mixe, pero también los zapotecos de Yatzachi el Alto, San Pedro Lazopa, etc. En algunas ocasiones los cargos son por mayordomías que se encargan de organizar la fiesta patronal y recaudar los fondos, la cual coincide muchas veces con la fiesta patronal del pueblo. Así lo hace la comunidad de Santa Catarina Albarradas radicados en Nezahualcoyotl.

Un siguiente elemento de la vida comunitaria de los migrantes indígenas es la asamblea como órgano máximo de decisión, discusión y aprobación de los temas y asuntos que interesan a la comunidad migrante. Una práctica democrática vigente. Esta forma de trabajo es característica de los migrantes del Estado de Oaxaca. Entre ellos los Zapotecos, Mixes, Mixtecos, Chinantecos, Cuitatecos, Triquis. De los estados de Hidalgo y México y Guerrero están las Mazahuas, Otomies y Nahuas.

Una de las razones por las que recrean la vida comunitaria en la ciudad es para poder recaudar fondos económicos y enviarlos a las comunidades de origen, ello permite una continuidad de su participación como miembros de aquel pueblo, pero además refuerza su pertenencia étnica fuera de su propio espacio territorial.

Si bien es cierto que el migrante indígena tiene que negarse muchas veces como tal para encontrar trabajo, casa, estudios, por la discriminación a su identidad étnica, las comunidades buscan mecanismos para fortalecer ésta porque le da una opción comunitaria que la Ciudad no le puede ofrecer. De esta manera se programan actividades culturales y sociales en espacios rentados o en las casas de algunos de los miembros en donde recrean su gastronomía, la lengua, la música. No es gratuito que en la Ciudad de México existan más de 15 bandas filarmónicas o grupos musicales del estado de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Michoacán, grupos de danza y otras manifestaciones culturales.

Principios Comunitarios de los Pueblos Indígenas
Los Pueblos Indígenas4 se definen así porque tienen un territorio, identidad colectiva, formas de organización comunitaria, vida política, lengua propia y una cosmogonía que se fundamenta en la búsqueda de un equilibrio con el entorno social y la naturaleza. Esta visión se manifiesta en sus valores morales y éticos, así como, en todas las actividades que realizan, en sus prácticas medicinales, costumbres gastronómicas y en expresiones artísticas distintivas como las bandas filarmónicas, la alfarería, entre muchas otras. De todas estas características, tal vez sea la vida comunitaria la que sustenta a los demás elementos sociales, culturales y políticos que le dan identidad a las diversas etnias de México. Esta organización colectiva se realiza a través de los cargos comunitarios, formas de trabajo colectivo, la mayordomía y la vida asamblearia y se repite con sus variantes en todos los Pueblos.

La asamblea comunitaria es el espacio de decisión, discusión y aprobación de los asuntos que afectan a la comunidad. Así, la elección de autoridades es validada por la asamblea comunitaria, lo que permite a toda la población participar en las decisiones de la comunidad. De igual manera sucede con los programas y proyectos, conflictos de tierras, proyectos de educación, etc.

Los cargos representan para los miembros de la comunidad ganarse el derecho a pertenecer a un pueblo, ser parte de la vida colectiva, y se asume porque sabe que depende de ello la sobrevivencia de la comunidad. Esta consciencia y disposición inicia desde el espacio familiar. Para muchos pueblos indígenas de México, el sistema de cargos comienza con responsabilidades y obligaciones menores que ocupan los jóvenes. Es necesario cumplir con mérito los primeros cargos para poder participar en los de mayor jerarquía hasta alcanzar a formar parte del consejo de ancianos. Es decir, la participación colectiva es continua y permite la integración de todas las generaciones. En el caso del pueblo mixe5, esto es vigente y se inicia con el cargo de Topil, luego el de capitán de festejos, mayores, agentes, hasta llegar a los cargos de Síndico, Presidente municipal, Alcalde, y, finalmente, el Consejo de Ancianos. Todo este sistema político y social-comunitario se inscribe en el derecho propio.

Aunado a los cargos comunitarios, los miembros de los pueblos indígenas asumen responsabilidades de trabajo comunitario que en algunas regiones indígenas se le ha llamado tequio y se refiere al trabajo colectivo para las distintas obras de la comunidad, como puede ser la apertura de caminos, veredas, construcción de edificios de uso común, construcción de escuelas, etc.

Asimismo, es frecuente el apoyo entre familias para trabajar la tierra, la producción de bienes como la construcción de casas, canales de riego y de servicio, así como las redes creadas en el proceso migratorio. A esta forma de organización se le conoce en Oaxaca como “mano vuelta”, “ gozona”, guetza y toma otros nombres en cada Pueblo.

La Vida Comunitaria de la Asamblea de Migrantes Indígenas de la Ciudad de México
Con los principios de la vida de los pueblos indígenas y las características de la vida urbana, decidimos trabajar en forma comunal con una idea compartida de trabajo de tequio, indígenas de diversas etnias para conjuntar esfuerzos.
En este sentido, los principios comunales fue la primera fuerza que nos hizo unirnos, sin ninguna intensión de poder, intensiones políticas o simulación de salvadores como ONG, sino como un reto a nosotros mismos como indígenas de que la vida comunal trasciende a todos pueblos indígenas, inclusive a los no indígenas.
Así los que participamos en ella, desde la convocatoria, respondieron los hermanos que tenía la conciencia colectiva, de tal forma que dieron su tiempo, conocimiento, su disposición sin condicionamiento a cambio.
El tequio entendido como una actitud y disposición de participación en la comunidad, en las obras y trabajos que prioriza la colectividad. Esta conciencia es un componente de nuestras mentes que se materializa en la participación colectiva de las actividades que tiene la Asamblea a través de sus áreas de: Centro de Computo, Centro de Producción Radiofónica y del Espacio de Asambleas.
Por ello y después de una experiencia de trabajo de más de 4 años, hemos ido incorporando otros elementos como los sistemas de cargos a través de la instauración de Comités que lo conforman tres personas y se eligen cada año.
Por ello, se persiguen los siguientes objetivos:

*Por un lado, para poder consolidar nuestra vida comunitaria en la Ciudad de México.

*Por otra, que la sociedad en general pueda asimilar y aprendamos a convivir en forma intercultural.