• En el marco del día mundial de la juventud, ¿En qué situación se encuentran nuestros jóvenes?

• ¿Cómo contribuye la cultura maya para reafirmar ese compromiso con la naturaleza para generar la esperanza en sus descendientes?

 Por Bernardo Caamal Itzá

Lej ken a wíil to’op ka bíikej káax k’a’ax –Cuando veas que te va mal en todo, ve a vivir en el monte–, recomendación que hacían hace algunos ayeres los padres a sus hijos. De alguna manera esta indicación está relacionada estrechamente en la búsqueda de la esperanza y del bienestar de la persona.

Consejos de las abuelas mayas

Pero,  ¿por qué hay que buscar el monte? Habrá alguna relación con la vegetación –que significa che’ o che’ob-, y en el caso nuestro que nos ubican dentro del reino animal –ba’alche’-.

 Ba’alche’, podría significar entonces aquel que está envuelto o constituido de alguna forma con las plantas que hay en los montes. Sin embargo, estoy seguro que hay otras interpretaciones que le darían otro matiz y que nos ayudaría a entender el significado real que tendría cada concepto, y a la par aclarar por qué los abuelos nos aconsejan que cuando llegan los momentos críticos recurramos al monte.

¿Qué tiene que ver el monte con la esperanza? Estará relacionado con lo que dicen los científicos en el tema de la defensa del medio ambiente, que señalan que los árboles absorben el bióxido de carbono y que nos lo devuelven en oxígeno. O en el caso de su manejo, como hacían nuestros ancestros a través de la milpa, quienes la diseñaron como un modelo donde se generan y se regeneran los recursos que se utilizan para la alimentación.

La milpa, no sólo es el lugar para generar el alimento, sino es el espacio ritual donde todos interactúan y conviven.

El maíz, nuestro origen

De inicio, el venado es un animal que no tiene el mismo tamaño que una jirafa, él come de los retoños de los arbustos. En cambio, la jirafa tiene la facilidad de consumir las hojas de los árboles de gran porte. Este mismo lugar se convierte en un banco de germoplasma o de semillas vivas, y su contribución es alimentar y dar cobijo a quienes viven por estos lugares.

“Ve al monte”, frase alentadora que significa aprovechar los recursos de este ecosistema en todas sus dimensiones. Esto aclara más el por qué hay que hacer la milpa: de ésta dependen otras actividades, como la apicultura y la crianza de los animales de traspatio, de tal forma que trabajar con estos conceptos es una forma de blindar nuestro modelo de vida familiar y construir un proyecto de vida.

Mujeres mayas de Quintana Roo

Trabajar el monte no significa deforestarlo, sino entender la relación que tenemos con él. En el momento que nos olvidemos de esta relación con el che’ y el ba’alche estaremos perdidos, porque romperíamos ese sano equilibro que existe con en el entorno. Si de antes era nuestra esperanza, terminará siendo la desesperanza.

 Creo que por esa razones, nuestros padres, todavía en la década de los 50 y 60’s, veían que estar en el monte no sólo significa “oxigenarse” –en referencia a una mutua comunión con los árboles-, sino una forma de asegurar esos conocimientos ancestrales que tenemos, además, ir para no perder la fe y la voluntad de seguir luchando para vencer los obstáculos que nos impiden lograr nuestros objetivos en la vida.

¿Pero qué pasa cuando en los últimos días leemos o escuchamos a través de los medios masivos de comunicación en donde informan que cada día en los jóvenes crece la desesperanza? Esto nos recuerda las reflexiones de Rigoberta Menchú Tun, nuestro premio Nobel de la Paz, cuando vino a Mérida hace algunos años y nos dijo:

 “…hay épocas de la historia donde los jóvenes sentían el futuro, veían el futuro cerca. Luchaban y luchaban para llegar a ese futuro. Pero hoy, ¿dónde está el futuro? Pues miran para Europa. Miran para Estados Unidos. Miran para cualquier lado y saben perfectamente que allá también van a ver dificultades. Como que se van bajando el nivel de la esperanza, por lo tanto, tenemos que incrementar formas para que los jóvenes sientan que aquí está su tierra, que aquí esta su futuro y aquí van a crecer también sus nietos como hicieron nuestros ancestros con nosotros”

Nuestros jovenes en las comunidades mayas

Remarcó también que estamos viviendo en el tiempo en que las personas casi no coinciden, lo que promueve la destrucción del tejido familiar y comunitario.

-El tiempo según nuestros ancestros los Mayas, en esta época en que vivimos es un Tiempo del no tiempo, porque la agenda individual que tenemos es la más importante y lo mismo piensa el otro, el otro y el otro, pero no coincidimos.

En esos mismos años, reflexiones que hacían los mayas, también se refirieron al mismo problema, la falta de empleo y la generación de los alimentos.

-En los años 40’s a 60’s decíamos “tengamos comida aunque no haya dinero”, porque en ese tiempo no podíamos vender estos productos debido a la falta de camino. Lo que hicimos con el maíz fue criar a los cerdos y con ello obtuvimos abundante carne. De ese tiempo hasta la fecha la gente ya cambió en cuanto a su forma de vivir. Hubo un cambio.

Culpamos a los programas del Gobierno porque la gente que vigila el cumplimiento de sus metas, como son corruptos, pues originan que las actividades programadas no se realicen, y esto ocasionó que la gente sea irresponsable. Entonces su resultado es lo que ahora palpamos( Fragmento del video “Cómo caminar ese camino” que recoge experiencias de foros comunitarios realizado por EDUCE en unas de las comunidades mayas de Othón P. Blanco, Quintana Roo).

Ante este cuestionamiento, seguramente innumerables respuestas tendremos. Los políticos no quedaran muy atrás y dirán, nuestros jóvenes ya están atendidos con los diversos programas que tiene el Gobierno en sus tres niveles; pero sería interesante saber con precisión cómo llegan los programas y cómo le da atención a los jóvenes para que cumplan con el objetivo planteado.

-Cuando supimos de que por estos rumbos hay oportunidades para trabajar la tierra, eso a él le representó una excelente oportunidad para venir. Al llegar aquí en el Alto de Sevilla -Othón P. Blanco, Quintana Roo-, en sus suelos se obtenían buenas cosechas a diferencia de Yucatán, perdíamos.

-Es claro, si uno tiene dos mecates o una hectárea de suelo, es posible sembrar un poco de todo y de ahí saldrá la comida. El problema de ahora en mi comunidad es que los jóvenes que sólo se dedican a estudiar retornan sin nada. Es claro que no hubo resultado, es mejor que se queden a trabajar la tierra, puntualizaron nuestros entrevistados quienes en su momento emigraron de Yucatán en busca del monte quintanarroense en la década de los años 50’s.

En estos análisis que reflejan los campesinos y los intelectuales mayas no quedan muy lejos de los reportes internacionales de instituciones como la FAO que indicaron los resultados de una inadecuada aplicación de políticas públicas que privilegiaron el proceso de urbanización en América Latina y el Caribe. El resultado fue el estilo de desarrollo asumido por los distintos países, que determinó una tendencia hacia la concentración de la población en zonas donde se ubicaron los centros político-administrativos de servicios y espacios de consumo. Ello se relaciona con el deterioro de las condiciones de vida en el campo, sobre todo por la desigual distribución del excedente producido en el campo, generando el éxodo de grandes contingentes de población hacia las ciudades.

A su vez, la presión en los grandes centros urbanos llevó a que las políticas sociales privilegiaran a los habitantes de dichas áreas. Ese privilegio de lo urbano sobre lo rural se constata en un documento que sintetiza estudios de casos centrados en los municipios rurales en cinco países con mayoría de población urbana de la Región (Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela), el cual señala que los municipios rurales tendrían, en general, una marcada tendencia hacia el ordenamiento urbano. Además, sus funciones son fundamentalmente de corte asistencialista a nivel de atención y beneficio social de los residentes, y no la promoción de las actividades productivas del área rural. Las tareas de fomento a la producción agrícola han sido tradicionalmente asumidas por el gobierno central, en que los municipios tienen una participación marginal (FAO, 1993a), salvo en el caso de Chile.

Ante esta panorámica, el optimismo regresa cuando nuestra premio Nobel de la Paz, afirma:

-Cada vez que coincidamos, es cuando todos vamos caminando por el mismo rumbo.

Entonces, urge trabajar con nuestros jóvenes, iniciando con nuestros hijos, para que luchen por esa esperanza, donde esa semilla genética, donde los abuelos nos aconsejan “Ve al monte “ los motive a seguir luchando para que el venado salte de nuevo y el sol del mayab brille de nuevo…

Jovenes universitarios de la UNO y que bailan la jarana